Un año después, duele.

(AP Images)


19 de septiembre de 2017.
Amores, Del Valle, Ciudad de México

Esa mañana me encontraba con Luis Mariano Villegas en su departamento que utiliza como oficinas en la calle de Amores en la Colonia del Valle.

Unos pocos meses antes, por motivos que no valen la pena comentar, decidí dejar de colaborar con mi amigo que desde los 90s en la secundaria/prepa y luego en la universidad y en diferentes proyectos de entretenimiento, profesionales y personales, siempre fue mi dupla, mi hermano.
 Unos días antes nos vimos en una junta y pensamos en seguir trabajando juntos para un posible cliente al que había que organizar su comunicación digital y tienda en línea.

Esa mañana llegué y nos acomodamos en la oficina, comenzamos a pelotear ideas, hacer llamadas, cuando...

13:14:35 horas.
Mars: Wey, podemos hacer que los usuarios entren al portal y...
Luis: No mames.

13:14:40 horas
Luis: ¡Está temblando!

En la ventana, Luis tiene colgadas unas cosas de madera que hacen ruido con el viento y las vimos moverse, cuando de pronto un fuerte golpe hizo brincar el edificio y todo en el escritorio saltó.
En ese momento cerré mi laptop y me paré.
Mars: ¡Vámonos a la verga, cabrón!
Luis: ¡En chinga! ¡Dude, ¿dónde estás, dude?!

Dude es el gato de Luis, el pobre felino estaba corriendo y saltando por todo el lugar y Luis se aventó bajo un sillón para agarrarlo y salir de ahí.
Yo en la puerta los esperaba, pero la sacudida era más fuerte de lo que antes había sentido.
Por unos segundos pensé en regresar al escritorio por mi teléfono, pero todo comenzó a crujir, los golpes en el techo por las cosas que caían de los departamentos de arriba, me hicieron dejar cualquier cosa y salir de ahí.

Luis, con Dude en los brazos, corrió y salió. Nunca lo había visto correr así.  Creo que es la primera vez que lo veía así en casi 25 años de conocerlo. Sólo corriendo por su vida haría ese ejercicio.

Luis: ¡cierra la puerta!
Mars: ¡Ni madres, estás pendejo, corre!

Bajamos la escalera rebotando entre los muros. Atrás de nosotros escuchaba cosas caer, el edificio tronar, vidrios romperse.  No sabía si eran lámparas cayendo o ventanas rompiendo, pero el pánico me hizo sentir que el edificio se nos venía encima.

Al llegar a la planta baja, una reja que da acceso a las escaleras estaba cerrada con llave y veía a Luis haciendo todo lo posible por hacer encajar la llave en la cerradura, pero el movimiento era tan brusco que no podía atinarle.

Mars: ¡Abre, cabrón! ¡Apúrate!
Luis: ¡No puedo!

Un vecino pendejo, que seguro tenía llave, sólo nos veía desde afuera como si estuviera viendo un show en televisión. En lugar de ayudar, sólo nos veía con sus 150 kilos de peso, mientras devoraba un sandwich.

Estacionamiento.

Mars: !Ah, la verga! Eso fue intenso. ¿ya paró?
Luis: No, mira la camioneta. Ve cómo se mueve. Esto sigue.
Vecina: Sí. Aún se mueve todo.
Mars: No mames. Mi familia. ¡Los chavitos! ¡Danny!
Luis: Tranquilo, deja que pare y les llamamos.
Vecina: Estuvo más fuerte que la semana pasada.
Luis: Wey, es 19 de septiembre.
Mars: Ah, no mames. Neta.
Luis: Y hoy hubo simulacro.

Calma. Silencio total. Viento.

Mars: Necesito regresar por mi teléfono. Tengo que llamarles.
Luis: Pero no es seguro. ¿quieres entrar?
Mars: Tengo que entrar. Tengo que saber de ellos. Danny. Los chavitos. Abril es muy pequeña.

Departamento

Tomé mi teléfono y obviamente, como es lógico, las líneas saturadas. No había servicio, no salían llamadas, mensajes, internet, nada.
Luis se sentó frente a su compu y comenzó a ver reportes en Facebook.

Luis: Ya jala el internet. Que se sintió hasta Puebla.
Mars: ¿Hay daños?
Luis: Yo creo que no.
Mars: acá sólo el módem se cayó al suelo, un vaso con agua y pendejaditas.
Luis: putamadre, se rompieron las copas de la cantina. Ni pedo.
Mars: Las escuché caer cuando fue la sacudida. Quiero saber cómo está mi familia.



Luis: A ver qué dicen en la tele.
Mars: Wey, hay humo en un edificio.
Luis: Parece ser Insurgentes.
Mars: Bro, no puedo respirar. Ni mover mis brazos.

Minutos después.

Luis: Carnal, recuéstate en el piso.
Mars: No mames, mi corazón late muy rápido, ya me mareó.
Luis: ¿Qué te doy? Estás pálido.
Mars: No sé. Nunca había sentido esto. No me puedo mover.
Luis: ¿Sabes si tienes problemas de corazón?
Mars: Toda la vida he sentido dolores, pero nunca con el ritmo tan acelerado como ahorita.


Luis: Igual y es la adrenalina.
Mars: Ya localicé a todos, pero no encuentro a mi hermana. Nadie sabe nada de ella.

Noticiero
"Reportan un edificio colapsado en la colonia Roma y niños atrapados en el colegio Enrique Rebsamen. Seguimos desde el aire informando."

Mars: Verga. Ayúdame a parar, esto está denso.
Luis: Que también cayó un edificio por aquí.
Mars: Tenemos que ir, man. Pudimos ser nosotros.
Luis: Seguro ya hay un chingo de gente. Estorbaríamos.
Mars: Wey, estamos en la Del Valle, tenemos cerca la calle Enrique Rebsamen, quiero ayudar a esos niños. ¿Dónde está la escuela caída?
Luis: No sé, wey. Esa calle es enorme. Desde Viaducto hasta Laurent.
Mars: Ya me siento mejor. Me dio un shock, pero ya estoy. Hay que ver que hacer.

Para ese momento aún no sabía que el Colegio Rebsamen era en de Coapa y no uno en la calle del mismo nombre en la Del Valle.

Desde la ventana podíamos ver la colonia detenida, cientos de autos abarrotando las calles convirtiéndolas en un inmenso estacionamiento.
Bomberos, ambulancias, patrullas intentando pasar, pero los autos, que no iban a poder llegar a ningún lugar no les permitían avanzar.

Dos horas después.
Noticiero
"Zapata y Petén y División del norte un edificio colapsado. Amores y Viaducto. Edificio colapsado."

Mars: Parece ser que todo el daño fue por aquí.
Luis: Ya encontré a todos en mi familia. ¿cómo vas con la tuya?
Mars: Todos menos mi hermana. Ya estoy muy preocupado por ella.  Ya son más de dos horas y ni mensaje, llamada, ni nada. Nadie sabe.
Luis: Deja le pregunto a mi carnala en Bayer si la ha visto. Trabajan en la misma empresa.

Facebook
"Miramontes y Las Bombas: incendio y derrumbe de dos edificios.
Genova 37 edificio colapsado."

Luis: Dice mi hermana que ya localizó a la tuya. Que quedaron sin poder salir en el comedor de Bayer, pero que todos bien.  Se cayeron todas las comunicaciones.
Mars: Gracias.

Minutos después mi hermana se comunicó por mensaje de Facebook y sentía que ya era hora de salir y hacer algo.

Mars: ¿vas conmigo?
Luis: No, carnal. No quiero estorbar. Ya hay gente para eso. ¿Para qué te pones en riesgo?
Mars: Esos niños, bro.

En ese momento me da un abrazo fuerte.
Luis: Siempre en las buenas y las malas. En todo, juntos, mi hermano. Perdóname. Perdón por fallar.
Mars: Olvídalo, carnal. Acá seguimos.

Amores esquina San Lorenzo.
Abro el maps para buscar información del colegio caído. No hay señal.  El internet móvil no funciona.
Me coloco los audífonos y enciendo el radio del celular.
"Padres han llegado al Colegio Rebsamen en Coapa. Miramontes, Tenorios, Acoxpa y calles aledañas detenidas."
Ahí me doy cuenta que estaba muy lejos del lugar. Demasiado.

(Antonio López)


15:30 horas.
Comienzo a caminar por Gabriel Mancera y veo correr gente. Gritos.
Unas personas atrapadas en la reja de acceso a un edificio. La trabe se había vencido y la reja no abría.
Entre unos vecinos y yo, amarramos unas cuerdas y comenzamos a jalar la reja hasta que se pudo abrir para sacar a las personas.
Vecino 1: Gracias, jóvenes.
Vecino 2: Dicen que se cayó un edificio acá todo derecho y teníamos miedo.



Veo a unos albañiles correr con carretillas y sabía que iban para allá.
Corrí detrás de ellos.

Gabriel Mancera esquina Eje 5 Sur
Mucha gente, patrullas, camiones de carga, bomberos.
Todo detenido.
Una cuadra más adelante, lo que nunca creí ver.

16:05 horas. Edimburgo.


Gritos, ruido, bullicio.

Decenas de personas formadas llevando cubetas, botes, contenedores, cualquier cosa para acarrear piedras y escombros.
Corro hacia el lugar. Mi impresión me volvió a acelerar el corazón, pero sabía que entre todos podíamos sacar a la gente de ahí.
Por el día y la hora, sólo podía pensar que los jóvenes estaban a salvo en sus escuelas, pero que los abuelos y niños chiquitos podían estar ahí.

Nos organizamos. Formamos filas. Los de arriba iban lanzando cosas hacia abajo para despejar el área. Pero no debíamos quitar mucho escombro de abajo porque podría terminar de caer lo poco que estaba en pie.

La escena fue dantesca. Triste. Muy triste.
Juguetes, colchas infantiles, mecedoras, retratos familiares, cuadernos, diplomas de graduación.  Las historias de las familias ahí en el suelo.
Como músico, sentí horrible ver cómo desde arriba aventaban una batería en excelente estado al camión recolector. Platillos, bombo, timbales... algún músico iba a regresar a casa a buscar algo de lo perdido, pero en lugar de separar las pertenencias de la gente, todo lo mezclaron con pedazos de losas, tabiques, varillas... al basurero. Y llegando ahí, algún recolector de basura lo rescataría para venderlo. Supongo.
Qué triste.

Entre las piedras, mosaicos de baño, ollas, lámparas y pedazos de muebles de pronto se escuchaban ruidos debajo de las piedras.  Guardamos silencio, pero no localizábamos de dónde venía el ruido.


Agarramos palas y el escombro suelto lo comenzamos a sacar. Mucho polvo se levantaba y todos estábamos impacientes por los ruidos que los de arriba escuchaban.


Esa hermandad se sentía. Uno podía notar cómo la gente estaba ahí identificándose, igual que yo, con los caídos. Me sentí parte de las familias y todos juntos cargamos, tomamos pesadas columnas caídas entre varios para quitarlas de ahí y apuntalamos cuando llegaron unos señores que trabajaban en una mueblería con vigas de madera para sostener el primer piso, que a pesar de las imágenes, la planta baja ahí seguía.
Hubo gente que hizo túneles en las piedras para entrar al estacionamiento y ver si había alguien ahí atrapado.

Llegó gente que consiguió que los de Soriana trajeran botellas de agua para la gente. El polvo se sentía en los pulmones, la boca seca, la nariz tapada, pero nadie se rendía.
El agua fue una bendición.

Seguían saliendo fotos, discos, juguetes, trastes, recuerdos de la gente.  Cosas que, junto a su hogar, también perdieron.
Es sin duda, la escena más triste en la que he estado.



De pronto llegaron los soldados.  Al rededor de media centena de soldados en línea recta marcharon por Edimburgo hasta el edificio caído. En la esquina con Escocia.
Los aplausos se escucharon. La gente los ovacionó. Y comenzaron a poner orden en medio de todo el caos.

Soldados, enfermeros y bomberos mano a mano con los vecinos, adolescentes, jóvenes y adultos buscando sobrevivientes.
Ese día sentí respeto por los soldados que en todo momento se esforzaron, cargaron, ayudaron, y ponían a los demás por encima de ellos.


18:03 horas.
Vecino: ¡Debajo de nosotros hay un auto!
Vecino 2: Hay que quitar los escombros, puede haber alguien.
Vecinos varios: ¡bájense! ¡Hay que bajar!

Alguien logró quitar una piedra y se veía en la oscuridad algo semejante a un brazo.
Vecino: ¡Hay alguien aquí!
Vecino 2: ¡Cayó el edificio sobre un auto con alguien adentro!

Comenzamos a quitar piedras, pero varias eran imposibles de cargar.
Corrieron unos bomberos y con unas enormes pinzas hidráulicas retiraron escombros y rompieron la puerta del auto.


Gracias al cielo, no había nadie. Por más que buscaron entre los retorcidos fierros, el auto estaba vacío.



19:10 horas
Vecino: ¡hay tanques de gas! ¡Tenemos que sacarlos!

Subimos hasta la parte alta entre tres vecinos, dos policías y una chica de la Cruz Roja para ver cómo sacar los tanques.
Uno tenía una fuga y el olor era penetrante.
Cargamos cuatro tanques hasta la parte de atrás del edificio lejos de los voluntarios para evitar accidentes.  Se acercaron unos bomberos y dijeron que los pusiéramos en la esquina de Escocia y Mancera para purgarlos y guardarlos en un verificentro que estaba a unos pasos.

Después de dejarlos y levantar la mirada, la escena era aún más cruda.
Teníamos otro edificio caído a unos pasos, pero poca gente ayudando.  Todo mundo estaba en el de Edimburgo, pero en Escocia había otro edificio en ruinas.


19:45 horas.
A pesar de la hora, el día no se iba. El sol nos regalaba un poco más de luz. Nos quería dar más tiempo para buscar gente antes de caer la obscuridad de la noche.

Tristemente la siguiente persona en salir, no se levantaría a ver esa luz.

Vecino: ¡Una sábana! ¡Necesitamos una sábana!


Escenas como esa no quiero vivirlas nunca más.
Ese día quedará en mi memoria toda mi vida. Tratar de hacer algo por esa gente.

Probablemente yo no haya rescatado a nadie, pero sé que pude hacer menos pesado el trabajo de los rescatistas. Mover piedras, cargar cosas, acarrear cubetas, repartir agua... esas cosas tal vez aminoraron el trabajo de los demás voluntarios y gracias a Dios, hubo gente con vida.

Los heridos fueron llevados a otra parte del verificentro y las ambulancias daban sus vueltas para trasladarlos a los hospitales.

Cuando cayó la noche, era mi momento de partir rumbo a casa.  No había transporte, ni taxis, ni metro, ni autobuses. Nada.
Sólo había que caminar otra hora más para llegar a abrazarlos a todos. Necesitaba ver a mi Danny.

Al día siguiente vi los videos que la gente fue subiendo. Las noticias en los periódicos, la radio, la tele...  y hubo un momento que me quebró y sólo pude recargarme a la mesa y llorar por  mi ciudad y mi gente.

Sin duda alguna pude ver un México diferente ese y los siguientes días. Danny y yo fuimos a llevar medicamentos y cosas a los campamentos en la Colonia Condesa las siguientes noches.
Repartir vasos con galletas a los soldados y los voluntarios que hacían guardia toda la madrugada en el Parque España.  Dar un poquito y juntarlo con todo lo mucho que tanta gente dio.

Amo a mi México y a mi familia. Y por muchas cosas malas que digan de mi patria. Éste país lo amo con mi alma.

Sé que, al igual que hace un año, habrá gente que haga burla, le de risa y no entienda lo que sentí.
Pero eso no importa.  Este México nuevo que quiero ver para mis hijos,  no será construido por ellos. Será por los que damos gracias a Dios y con eso, nos paramos para ir y ver por los demás.

No. No es protagonismo. Es un relato de la historia que viví.
Es una imagen para no olvidar lo pequeños que somos y lo mucho que podamos hacer.

Y los que piensen lo contrario... está bien. También volvería a casa con las manos y los brazos cortados para sacarlos de donde estén.



* Todas las fotos tomadas por mi, excepto dos que indican su crédito.


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